
Y siguen las sorpresas. Al fin, una óptica decente más en una compacta. Por primera vez encuentro, en una cámara de estas características y segmento, una óptica que nada tiene que envidiar a la que, para mí, ha sido hasta ahora, la reina de las ópticas compactas: la que incorporan los modelos de la familia Lumix TZ, de Panasonic, Leica DC VARIO-ELMAR. Asombrosa la calidad de la óptica que incorpora esta cámara; casi tanto como lo es su sensor y procesador de imagen.
Hay que andarse con cuidado y enredar en su menús, para llegar a aquel que nos permite bajar la nitidez. De lo contrario, al menos para mi gusto, la fotografía casi parece dibujada, debido al exceso de definición; con el consiguiente ruido de imagen, incluso a su más bajo nivel ISO (100). Es un ruído muy, muy fino, pero perceptible si ampliamos la imagen al 100×100 y observamos un cielo azul, por ejemplo. De cualquier modo: ¡chapeau, Canon!, por este pedazo objetivo.
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